Debido a la situación de confinamiento y restricción de reunir varias personas en mismo sitio, no hemos podido organizar una tanda de ejercicios de forma presencial, ¡ pero eso no tiene que ser razón para dejar de hacer Ejercicios !

Nuestro Arzobispo D. Francisco Cerro realizó, hace unos meses, una tanda de ejercicios, distribuida en cuatro sesiones (cada sesión abarca una semana de los ejercicios ignacianos), que les ofrecemos en los videos adjuntos y que pretenden ser «verdadero alimento para el alma» en esta Cuaresma.

Pero ¿vale lo mismo hacerlos por internet? El mismo San Ignacio en la nota 19 del libro de los Ejercicios ofrece varias adaptaciones, que ya se realizaban en vida del Santo nosotros lo adaptamos al siglo XXI y sobre todo a la época tan especial que ahora vivimos.
Por eso, sin dejar de afirmar que lo óptimo es hacer los Ejercicios Espirituales en retiro y en silencio, estamos convencidos de que hacemos bien en adaptarlos al mundo moderno y facilitarlos también por medios telemáticos para que todos puedan acceder a los mismos de esta manera.

¿Para qué hacer Ejercicios Espirituales?

Los Ejercicios quieren ser una ayuda para tomarse en serio el evangelio de Jesucristo. Para romper las ataduras de nuestro corazón que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. 

Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a construir el Reino y para no contentarnos con una vida mediocre, a medio gas. También para aprovechar nuestro tiempo y nuestra vida de la mejor manera posible. Para no quedarnos en las ideas, en los planteamientos ideológicos, sino perseguir una verdad que se verifica en una experiencia gozosa y estimulante.

La persona que hace Ejercicios está motivada para buscar algo para su vida y pone algunos medios para reflexionar, meditar y examinarse por dentro. Quiere ordenar su vida, hacerse dueña de su destino. Desea vivir más coherentemente y más conforme a lo que Dios quiere. Y en esa búsqueda experimentará durante los Ejercicios sus dificultades y resistencias, desánimos y agitaciones, pero también alegrías y esperanzas. Los Ejercicios son un itinerario hacia Dios. Sabemos que se parte del presente, pero desconocemos a dónde llevan. En pocos días no suceden grandes milagros, pero los Ejercicios apuntan siempre hacia un más, hacia algo nuevo: «¿Dónde me queréis, Señor, llevar?».

La vida interior también hay que trabajarla. Los Ejercicios Espirituales se asemejan a unas tablas de gimnasia internas que nos ayudan a exponernos a la acción de Dios y a asumir su llamada a vivir la plenitud de vida que nos ofrece. 

Los Ejercicios Espirituales son una experiencia personal y transforman la vida. Nos ayudan a que el Espíritu actúe en nosotros, nos transforme, libere nuestro corazón de ataduras que nos esclavizan y nos permita buscar y realizar la voluntad de Dios sobre nuestra vida.

Si te fijas bien, es imposible el saber 
sin tener completo el ser.